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FLOR_8La película gira en torno a lo que ya no existe. Y no sólo porque ya no esté, sino porque ya no se recuerda. Una doble pérdida.

Pero ¿es realmente así? La duda que nace de este planteamiento inicial, se convierte en el motor de la película, generando dos realidades que conviven de manera natural en el espacio familiar de una casa.
Por un lado, el cerebro de una persona con Alzheimer, no para constatar lo olvidado sino para defender lo vivido.
Por el otro, los hilos generacionales que unen a las familias, presentes en nuestros gestos, en nuestra forma de mirar a cámara, en esos lugares comunes que se repiten generación tras generación y en los que nos cuesta reconocernos.

La película busca la emoción precisa derivada del momento exacto en que se vive, justo antes de que inteligencia o memoria interfieran para interpretarla. Un universo en el que ya no existe la palabra.

Convencida de que hay otra manera de filmar a un enfermo de Alzheimer, una manera más íntima, más cercana y por tanto más real y menos dolorosa, la película se acaba convirtiendo en una película sobre música, sobre aprender a escribir, sobre guiñar un ojo, sobre el tacto y el placer de acariciar un brazo, arriba y abajo. Sobre comer dulce. Sobre leer y quedarse dormido, sobre la infancia y la juventud. Sobre la ausencia. Sobre los pequeños placeres.

The movie revolves around something that doesn´t exist anymore, not only because it isn´t there but because it can´t be remembered anymore. A double loss. But, is it really like that?
This doubt, which arises from the initial approach, becomes the engine of the film and generates two realities that naturally coexist in the family space of a home.
On the one hand, entering into the head of a person with Alzheimer, not to check what has been forgotten but to defend what has been lived.
On the other hand, trying to understand the generational threads that keep families together and which are preset in our gestures, in the way we look at the camera, in those common places that are repeated over and over again through generations.

Based on the conviction that there is a different way to film someone who suffers Alzheimer, a more intimate and real way, and therefore a less painful way, the film ends up becoming a film about music, about learning to write, about winking an eye, about forgetting. A film about the touch and the pleasure of caressing an arm up and down. About eating sweets. About falling asleep while reading. About absence. About the little pleasures.

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